SI TUVIERA MENOS AÑOS, MADRE  

Posted by LUMPENPO in

sería fácil decirte:
me voy a portar bien
o de veras no vuelvo a hacerlo,
pero los años han pasado
y ahora soy el tiempo que me falta.
Tu entiendes,
levantarse todos los días
y todos los días comenzar sin mirar el fin.

Pero hoy, hice un alto,
tal vez fue el niño que corre
o la niña despeinada
o ese que me veo en el reflejo del aparador,
solo,
yo y mis preocupaciones,
yo y nadie,
yo cargando sueños aún,
abultados en las bolsas remendadas de mi vida.
Tal vez,
esa necesidad de verte
o es que recordé las madrugadas de tu espera
aguardándome sin seguros en la puerta
y tú a media luz
o temprano con una taza de café caliente
y tu voz como pan del día.

Hice un alto,
Dios,
ese viejo sabio y bueno, mandó la lluvia esta tarde
para ablandarme el corazón endurecido.

Madre
déjame decirte que me he portado bien,
y sabes lo fácil que es desobedecer
y hacer lo que no se debe,
déjame decirte,
mientras cae este reclamo frío del Señor,
-el que vive arriba donde no alcanzan los telescopios-
déjame decirte que he hecho la tarea,
tienes que creerlo porque sabes que me gusta el premio
ese,
cuando los dieces
o las tablas de multiplicar
o la cama tendida,
el mismo de mi cumpleaños,
de las despedidas en los andenes y las terminales.
Dios,
el inquilino de la parte alta, lo intuye,
por eso me dejó náufrago sobre el pavimento,
y mandó una gota de lluvia en pleno rostro,
como torrente húmedo,
y a ti,
madre,
para llevarme con bien mientras atardece.
Veo una flor bebiéndose la lluvia,
los charcos se acomodan a mis pies.
Sé que tienes el toque para espantar resfriados,
con té caliente y vapores de cariño.

Te veo en la cocina,
en la ciencia de los guisos y las sopas,
milenaria en el rito de la ofrenda
para alimentar y dar de beber al sediento
sacerdotisa en el oráculo para sanar a los enfermos.
Te veo planchando las arrugas del desastre,
en el tendedero, hamaca del aire
donde se acomoda el sol,
marchante de las verduras correteando los relojes,
enemiga del polvo y sus secuaces

En esta construcción a fuerza de vivir
te veo en la ingeniería doméstica sin título,
no hay universidad suficiente,
ni matrícula disponible,
ni salario o recompensa,
sin embargo, heredera de consejos y trabajos,
raíz de tu árbol genealógico,
sales a diario a combatir destinos
y te veo en la faena rutinaria
como a Juana de Arco o Juana Inés,
en los escritorios del afecto,
en los almacenes del asombro,
en la fábrica del tumulto,
en las escuelas de los aprendices de todo.

Madre,
nos pariste con el dolor bíblico de la sentencia
y compartes por igual el sudor de la frente
para repartir el pan sagrado en nuestra mesa.
Nada se puede sin ti,
y te veo en el retrato del tiempo junto a mi padre,
en el juramento eterno de sostener los cimientos del hogar.

Madre,
he juntado el tiempo de tus canas,
la colección de tus arrugas,
la sangre de tus nietos,
venimos, madre,
y nada traemos que no sea un canto,
una flor,
un abrazo,
para cambiarlo por el beso,
medalla del combate
para conquistar alegrías y derrumbar tristezas.

Madre de todas las jornadas,
vencedora de los llantos
y adivina de las penas,
vayan a ti los hijos y los nietos
como parvada de luz para tus años,
danos tu palabra,
como agua de manantial,
tu mano
y tus besos.

(Mayo de 2003)